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jueves, 14 de mayo de 2026

18 de Febrero: El Vuelo del Colibrí | #Desdeel 503

Esta cronología ha dejado de medirse en semanas para fragmentarse en mililitros y sístoles, y en el registro el domingo 18 de febrero de 2024 —vigésimo día tras el impacto— como la jornada del «pulso acelerado». En la habitación 503 del Hospital Regional Materno Infantil, la autonomía física de mi hijo Mauricio intentó abrirse paso entre una taquicardia inexplicable y la rigidez de los protocolos de una asepsia que todo lo vigila.

El Enigma de las 04:30 (171 Latidos por Minuto)

La madrugada comenzó con una anomalía técnica que dota al expediente de una atmósfera de incertidumbre biológica. Según el «Registro Diario», a las 4:30 a. m., mientras el cuerpo de Mauricio descansaba bajo una temperatura estable de 36 °C, su corazón decidió correr una carrera propia. El monitor registró 171 latidos por minuto.

Para un experto en lo enigmático, este dato es escalofriante: un corazón de once años latiendo al ritmo de un colibrí en medio del silencio gélido del quinto piso. Los médicos, en una respuesta técnica inmediata, administraron Suero Hartmann para estabilizar la hemodinámica de un organismo que, tras la ligadura de la vasculatura mesentérica y la pérdida masiva de intestino, lucha por encontrar un nuevo equilibrio.

El Algoritmo de los Afectos (16:51 horas)

Se muestra este día la consolidación de lo que he denominado el «Algoritmo de los Relevos». A las 4:51 p. m., coordiné con Patricia, hermana de la madre de Mauricio la guardia de la semana entrante, asegurando que Katia, Iris y Norma cubrieran los flancos del cuidado ente semana.

Un detalle que humaniza este frío reporte es la consulta sobre la comodidad del paciente. Pregunté específicamente si Mauricio se sentía cómodo con su primo Abner ayudándole. En este ecosistema de sondas y batas blancas, devolverle al niño el derecho a decidir sobre su entorno es nuestro mayor acto de resistencia contra la despersonalización hospitalaria.

El Hito de la Verticalidad: Los Primeros Pasos

A pesar de la taquicardia del alba, la jornada registró lo que en mis folios califico como la «Reconquista del Suelo». Patricia reportó a las 6:47 p. m. que Mauricio «anduvo caminando poquito, no mucho» antes de acostarse por el sueño.

Ver a un niño cuyo abdomen fue el escenario de una laparotomía exploradora y una colostomía hace apenas veinte días ponerse de pie y caminar, representa la victoria de la voluntad sobre el metal. Sin embargo, la fatiga es la sombra del héroe: Mauricio se retiró a la cama agotado, un recordatorio de que la estabilidad es, en este punto, un recurso que se agota rápido.

La Recaída Térmica y la Sombra Judicial (23:45 horas)

La jornada cerró bajo el rigor de la recaída biológica. A las 11:45 p. m., el termómetro escaló nuevamente a los 38.2 °C, acompañada de náuseas e inquietud. Mientras yo registraba estos picos térmicos, la realidad judicial del NUC permanecía estática.

Resulta una paradoja insoportable: mientras el corazón de mi hijo vuela a 171 latidos por minuto buscando la vida, el proceso contra del responsable de su estado, parece no tener pulso, amparado en la parsimonia de un sistema que aún no celebra su primera audiencia.

¿Cómo procesa la psique de un niño de once años la dualidad de recuperar el movimiento de sus piernas mientras su propio corazón se acelera por una fatiga sistémica que no logra comprender?

martes, 12 de mayo de 2026

17 de Febrero: Gestos y Gastos

17 de Febrero: Pequeños Gestos

El sábado 17 de febrero de 2024 se registra en mis folios como el décimo noveno día desde que el tiempo se fracturó para mi familia. Es una jornada que defino bajo la categoría de «pequeños gestos y fallos sistémicos». Mientras el cuerpo de mi hijo Mauricio intentaba reclamar su derecho a la normalidad a través del movimiento, el andamiaje técnico y logístico que lo sostenía comenzó a mostrar sus primeras fisuras graves.

La Reconquista del Movimiento (08:46 horas)

El día comenzó con una comunicación que dota al relato de una carga de esperanza tangible. A las 8:46 a. m., mantuve un intercambio con Karla, madre de otra de las niñas lesionadas en aquel impacto del 29 de enero. Mi mensaje fue breve pero significativo: «Sigue delicado... pero tiene más movimiento».

Ver a un niño cuyo abdomen fue el escenario de una ligadura de vasculatura mesentérica superior y una rectorrafia recuperar la capacidad de desplazar una extremidad es, para mi investigación, el dato más relevante de la jornada. Es la biología desafiando a la estadística de muerte. Sin embargo, este avance físico contrastaba con la tragedia en la que nos encontrábamos sumergidos: el hospital ya no era un lugar de paso, sino nuestro gélido centro de operaciones.

El Colapso de la Logística Externa (13:21 – 14:06 horas)

Como experto en lo enigmático, observo cómo la realidad exterior —el mundo del asfalto y el motor— seguía conspirando contra nuestra estabilidad. A las 1:21 p. m., mi esposa enviaba enlaces sobre ideas de snacks saludables, un intento de normalizar la nutrición de nuestro hijo pequeño, mientras nosotros vigilábamos la Nutrición Parenteral Total (NPT) de Mauricio. Pero el verdadero «fallo sistémico» no estaba en el hospital, sino en nuestra capacidad de movilidad.

A las 2:06 p. m., la conversación se tornó sombría al tratar el tema de la «Tracker», nuestro vehículo, que permanecía inoperante. «Venderla descompuesta es pérdida totalmente... los gastos van saliendo pero está difícil pensar en más deudas», escribía Ella. Habitábamos una paradoja cruel: para sostener la vida, necesitábamos una solvencia económica que el mismo sistema de transporte nos estaba arrebatando. La estadística laboral, donde aún buscaba mantenerme activo, se sentía como un salvavidas de plomo en medio de un océano de facturas por pagar.

La Fisura

En el quinto piso, el ambiente sensorial estaba impregnado del olor a antiséptico y el roce constante de los guantes de látex. El «Borrador» de mi investigación consigna que el andamiaje técnico mostró fisuras. No solo se trataba de la falta de insumos básicos que debíamos conseguir por nuestra cuenta, sino de la fatiga sorda de los relevos familiares que empezaba a calar en los huesos.

La jornada del 17 de febrero cerró con una calma artificial. Mauricio permanecía estable en su gravedad, ganando milímetros de movimiento, mientras en la periferia, su padre —este narrador— intentaba calcular cómo reparar un motor y un expediente judicial que avanzaban con la misma lentitud exasperante. La justicia, al igual que la salud de mi hijo, seguía siendo un rompecabezas de piezas fracturadas que nos esforzábamos por unir, un día a la vez.

¿Cómo puede una familia mantener la fe en la recuperación biológica cuando el sistema económico y logístico que los rodea comienza a desmoronarse simultáneamente? 

domingo, 10 de mayo de 2026

16 de Febrero: La Tragedia y el Laberinto Jurídico | #Desdeel503

 

El viernes 16 de febrero de 2024 se registra en mis folios como el inicio de una fase asfixiante: la «institucionalización de la tragedia». A dieciocho días de que el metal de la Ford Pickup detuviera el tiempo cronológico en la calle Tampico, la habitación 503 ha dejado de ser un refugio temporal para convertirse en una base de operaciones donde la vida se negocia entre códigos procesales y goteos de nutrición parenteral.

El Colapso del Vigilante (09:33 horas)

La mañana comenzó con la evidencia física del agotamiento sistémico. Tras semanas de vigilia ininterrumpida, los registros digitales capturan mi propio quebranto biológico. A las 9:33 a. m., envié un mensaje al grupo familiar que hoy leo como una confesión de vulnerabilidad: «Me quedé dormido... perdón». El sueño profundo, ese letargo que ni el olor a antiséptico logra evitar, fue la respuesta de un organismo que habita el límite de la resistencia para sostener el frente hospitalario y el laboral.

El Asesor Jurídico

Mientras Mauricio habitaba la inmovilidad de su cama, yo me sumergía en las frías aguas del sistema legal. Los registros documentan una reunión clave con el asesor jurídico asignado al caso de los tres niños lesionados aquel 29 de enero. Bajo el rigor técnico que exige este reporte, consigno que se nos informaron las «prestaciones» que el sistema contempla. La maquinaria judicial del NUC comenzaba a hablar de dinero y reparaciones: el imputado debe pagar, y si por alguna razón no puede, el Estado debe hacerse cargo.

Resulta un detalle enigmático y doloroso procesar estas palabras frente a la realidad clínica de Mauricio. ¿Cómo se cuantifica el valor de un sistema digestivo reducido a 20 centímetros? El lenguaje del derecho busca resarcir con folios lo que la negligencia de Salvador Sánchez Tovar destruyó irreversiblemente en la carne.

El Refugio en la Ficción

A pesar del peso judicial, la vida en el quinto piso reclamaba sus propios hitos humanos. Durante el turno vespertino, mi hermana Katia registró a Mauricio en una actividad que devolvía al niño jirones de su curiosidad intelectual: estaba concentrado viendo videos de «quiz de banderas» y geografía. Horas después, al regresar yo para la guardia nocturna con el permiso correspondiente sellado en Trabajo Social, llevé conmigo una película.

En medio de la asepsia y el zumbido de los monitores, buscamos refugio en la ficción. Sin embargo, Mauricio manifestó un pequeño pero poderoso acto de voluntad propia: se negó tajantemente a bañarse hasta que yo llegara. En ese entorno de «amable dictadura» de las enfermeras, el derecho a decidir sobre su propio cuerpo se convirtió en su mayor acto de resistencia.

La jornada cerró con una calma artificial. Padre e hijo compartiendo una pantalla, ignorando por un momento que allá afuera, en los despachos ministeriales, nuestra tragedia se convertía en un número de expediente que caminaba mucho más lento que los latidos de un niño que solo quería volver a ver las banderas del mundo fuera de una habitación.

¿En qué momento la justicia deja de ser un ideal humano para convertirse en un trámite administrativo que intenta ponerle precio a lo que la ciencia califica como irreversible?

miércoles, 15 de mayo de 2024

15 de Febrero: La Paradoja del Conductor #Desdeel503

El jueves 15 de febrero de 2024 —décimo séptimo día tras el evento que fragmentó nuestra cronología familiar— se presenta en mis archivos como una jornada de revelaciones procesales y contrastes técnicos. Es el momento en que la asepsia del quirófano comienza a ceder paso, de forma casi asfixiante, a la burocracia de la justicia y a la cruda realidad económica de sostener una vida en el quinto piso del Hospital Regional Materno Infantil.

El Refugio de la Palabra (13:36 horas)

El mediodía registró un desplazamiento en el comportamiento de Mauricio. A las 1:36 p. m., los registros indican que buscó refugio en las lecturas, videos y animaciones para evadir el entorno hospitalario. El libro entregado el día previo por su maestra se convirtió en un baluarte contra el zumbido de las bombas de infusión, permitiéndole habitar mundos menos hostiles que el asfalto que lo reclamó hace diecisiete días.

La Paradoja del Sustento (15:18 horas)

Mientras mi hijo intentaba procesar universos literarios, yo habitaba un frente pragmático y doloroso. Mi investigación revela un dato que subraya la desesperación del cuidador: a las 3:18 p. m., me comuniqué con el oficial Ismael para indagar sobre el trámite de cambiar mi licencia a la categoría de «chofer».

Resulta una ironía amarga para este expediente: registrar que, mientras mi hijo lucha por procesar nutrientes debido a una necrosis intestinal masiva, debía tratar de asegurar un medio de vida —el transporte— que fue, precisamente, el origen de su tragedia. La estadística del sustento me obligaba a pactar con el mismo rubro que nos arrebató la paz.

El Hito de la Piel y el Regreso del Síntoma (21:08 – 22:44 horas)

La jornada parecía avanzar hacia una estabilidad física prometedora. A las 9:08 p. m., regresé a la habitación 503 cargando unos pequeños presentes: unos llaveros que Mauricio recibió con un agrado que los registros califican de genuino. Fue un breve interludio de normalidad, un niño de once años sonriendo por un objeto trivial en medio de un campo de batalla biológico.

Sin embargo, el organismo de Mauricio, en una especie de rebelión interna, volvió a manifestar su fragilidad. A las 10:44 p. m., el expediente registra un episodio de vómito. Este síntoma, en un paciente con nutrición parenteral total, nos recordó que la cicatrización externa de los puntos retirados no siempre coincide con la calma interna.

La Vigilia de la Medianoche

La jornada cerró bajo el rigor de la farmacología. Mauricio permaneció despierto e inquieto, habitando una noche donde el paracetamol de las 12:00 a. m. intentaba, una vez más, silenciar un dolor que no solo es físico, sino sistémico.

Este 15 de febrero aprendimos que los hilos de la justicia se enhebran en un laberinto ministerial mucho más lento que cualquier proceso biológico de cicatrización. Mientras la carne intenta cerrarse, los folios del NUC parecen estancados en una inercia que ignora la urgencia de la vida que se drena en la cama 503.

¿Cómo puede un padre reconciliar la necesidad de regresar al mundo del transporte para sobrevivir, cuando ese mismo mundo fue el que devastó la integridad de su hijo?

miércoles, 14 de febrero de 2024

14 de Febrero: Corazones de Papel | #Desdeel503 | #Desdeel503

El miércoles 14 de febrero de 2024 se despliega en mis registros como una crónica de contrastes brutales. Mientras el calendario dictaba para el resto de la ciudad una jornada de celebraciones almibaradas, en la habitación 503 del Hospital Regional Materno Infantil la realidad se fragmentaba entre la efervescencia de la solidaridad escolar y el rigor de la recuperación quirúrgica.

La Anatomía de la Herida (06:34 – 07:23 horas)

La atmósfera sensorial en el quinto piso comenzó a fracturarse desde temprano. A las 06:34 a. m., la bitácora técnica —ese «Registro Diario» que custodiamos como un evangelio médico— consigna la curación de la herida abdominal. Es un procedimiento que exige una precisión técnica minuciosa debido a la fístula entero-cutánea, ese conducto anómalo que drena el líquido biliar de Mauricio hacia el exterior.

A las 07:23 a. m., la visita de la Dra. Marbella, especialista cirujana, trajo una noticia que marcó un hito físico en este expediente: se determinó iniciar el retiro de los puntos de sutura de la laparotomía. Este acto, aunque técnico, simboliza el inicio del cierre de un ciclo de intervenciones de emergencia que comenzaron aquel fatídico 29 de enero.

El Humanismo tras el Monitor (09:00 horas)

La narrativa adquiere un matiz profundamente humano a las 09:00 a. m. En un acto que trasciende lo estrictamente clínico, procedí al baño físico de mi hijo y al cambio de su ropa de cama. Los registros describen a un Mauricio «más peinadito», habitando un cubículo donde, a pesar del zumbido de las bombas de infusión, aparecieron pequeños detalles decorativos de corazones. Era un intento desesperado de las enfermeras y de la familia por introducir jirones de normalidad en un entorno dictado por la asepsia.

Mientras estas tareas ocurrían, se registró una imagen que refuerza la dualidad de este caso: a las 09:19 a. m., mi hermana Katia llegaba al nosocomio portando mi maletín de trabajo. La burocracia de la supervivencia no concede tregua; el empleado debe coexistir con el padre que cuida a su hijo.

La Red de la Solidaridad (17:30 horas)

Fuera del hospital, la comunidad de la Escuela Primaria Himno Nacional se transformó en una red de asistencia financiera y emocional. A las 05:30 p. m., la Mtra. Yarely acudió al hospital para entrevistarse con la madre de Mauricio. En ese encuentro, lejos de los pupitres y bajo la sombra de la fachada del hospital, la maestra entregó un sobre con el producto de una colecta solidaria organizada por los padres de familia del grupo de Mauricio.

Junto al apoyo económico, la docente entregó un libro para Benjamín, como era conocido por compañeros de su entorno escolar, además de cartas de los mismos. Los registros confirman que Mauricio recibió el presente con agrado, convirtiéndolo de inmediato en su refugio de lectura y alejándose, por momentos, de la dictadura de las pantallas digitales que usualmente consumía para evadir el dolor.

La Identidad del Afecto

En el plano emocional, el 14 de febrero registró un hito digital vital. Su hermano mayor, cuya condición de Asperger le hace procesar la realidad y los afectos de una manera única y a menudo más intensa, envió un video felicitándolo por el «Día del Amor y la Amistad». Al ver el mensaje, el rostro de Mauricio se iluminó; el registro indica que expresó cuánto quería a su hermano, una victoria intangible contra el aislamiento que impone el trauma.

El Cierre del Ciclo (19:00 – 19:15 horas)

La jornada cerró bajo el rigor del instrumental médico. A las 07:00 p. m., el cirujano de guardia procedió a retirar formalmente la mitad de los puntos de la laparotomía. Mauricio permaneció inmóvil mientras el goteo rítmico de la Nutrición Parenteral Total (NPT), colocada a las 01:40 p. m., seguía marcando el pulso biológico de un cuerpo sostenido por hilos químicos.

Este 14 de febrero, mientras el resto de la ciudad celebraba, nosotros en la habitación 503 aprendimos que el amor no se mide en ramos de flores, sino en la capacidad de una piel herida para volver a unirse y en la fuerza de una comunidad que se niega a dejar que el nombre de Mauricio Benjamín Pérez Ortega se convierta en una simple cifra dentro del NUC.

¿Cómo puede un sistema de salud y una comunidad educativa devolverle la dignidad a un niño cuando la justicia legal aún se muestra indiferente ante su tragedia?

Bibliografía:

Expediente Judicial NUC

Registro Diario


martes, 13 de febrero de 2024

13 de Febrero, 2024 Siguiendo la huella de lo sucedido el 29 de enero | #Desdeel503

El martes 13 de febrero de 2024 —exactamente quince días después de que el metal detuviera el tiempo cronológico en la calle Tampico— se registra en mis folios como el momento en que la burbuja hospitalaria comenzó a ser permeada, de forma irreversible, por la realidad exterior. En la cama 503 del Hospital Regional Materno Infantil, el tiempo biológico de Mauricio seguía dictado por el goteo de la Nutrición Parenteral Total, pero el tiempo social empezaba a reclamar su espacio entre nosotros.

La Burocracia del Sustento (12:52 horas)

La mañana se fragmentó entre el deber estadístico y la urgencia vital. Los registros institucionales me sitúan a las 12:52 p. m. gestionando mi situación laboral con José Luis, mi supervisor en el INEGI. Es una paradoja sensorial agotadora: procesar datos técnicos de la nación mientras la estadística de supervivencia de mi propio hijo pende de un hilo clínico.

En este contexto de precariedad, surge un dato revelador en las comunicaciones: la necesidad de gestionar una licencia de «chofer». Es la ironía más amarga de este expediente: mientras lucho por entender cómo el transporte devastó el cuerpo de Mauricio, me veo obligado a buscar en ese mismo rubro un medio para sostener la insolvencia que la tragedia ha provocado. La respuesta del sistema, contenida en el rastro digital, hablaba de exámenes y dictámenes que «podrían tardar», una lentitud burocrática que no coincide con la necesidad del momento.

El Ruido Informativo.

Identifiqué este día una obsesión necesaria: rastrear la huella mediática del siniestro. Al sumergirme en los portales de noticias, encontré un mosaico de contradicciones. El «ruido informativo» amenazaba con sepultar la verdad; cada medio manejaba versiones distintas que distorsionaban el impacto real. Frente a este caos, mi respuesta a la madre del niño a las 8:20 a. m. fue un ancla de realidad: «Por Mauricio se hace lo necesario... según lo que sucede el día anterior, no es posible hacer un pronóstico a más largo plazo». Esta «estabilidad armada» es la única certeza que poseemos: los médicos deciden en consenso diario, analizando cada mililitro de drenaje antes de dar el siguiente paso.

El Hito de la Psique (09:53 horas)

Este día registra un hito emocional compartido. A las 9:53 a. m., insté a la madre del niño a acudir al área de psicología antes de retirarse a descansar. En esa oficina, lejos del olor a antiséptico de los pasillos, habitamos un espacio donde la verdad médica del Coordinador de Pediatría —esa necrosis intestinal masiva y el pronóstico reservado— finalmente fue puesta en palabras. Dos padres procesando el trauma de un hijo cuyo interior fue desgarrado por el metal es la escena que dota a este relato de su mayor carga humanizadora.

El Refugio Cultural

Mientras nosotros habitábamos el abismo de la incertidumbre, Mauricio encontraba refugio en la pantalla de la habitación. Los registros mencionan que miraba la programación de un canal cultural infantil. Es una imagen poderosa: un niño de once años, sostenido por un andamio químico, buscando en la cultura un puente hacia la normalidad que el asfalto intentó arrebatarle el 29 de enero.

La jornada cerró con una calma precaria. Mauricio descansaba bajo el zumbido de los monitores, ajeno al hecho de que la justicia se peleaba ya en dos frentes: en el quirófano y en la memoria colectiva que los medios intentaban, inútilmente, simplificar.

¿Cómo puede una familia mantener la integridad de la verdad cuando el "ruido informativo" de los medios busca convertir una tragedia sistémica en un simple titular pasajero?

Bibliografía:

Expediente Judicial NUC, Unidad de Investigación y Litigación Regional Sur.

lunes, 12 de febrero de 2024

12 de Febrero: El Reloj de Arena de la Burocracia y la Biología | #Desdeel503

El lunes 12 de febrero de 2024 se registra en mis folios como el cumplimiento exacto de dos semanas desde que el asfalto del cruce de Tampico y Mazatlán fragmentara la realidad de mi familia. Catorce días han transcurrido desde que la Ford Pickup modelo 1993 detuviera el tiempo cronológico para sumergirnos en un tiempo hospitalario, un limbo donde la vida se mide en mililitros de drenado y la justicia se pierde en la parsimonia de los folios institucionales.

La Dualidad del Expediente (10:28 horas)

La mañana comenzó con una colisión de gestiones. Mientras Mauricio habitaba la cama 503, yo me enfrentaba a la frialdad del sistema judicial. A las 10:28 a. m., registré en mis comunicaciones con la Fiscalía un dato que subraya la opacidad procesal: «Aún no nos llega el acceso a la carpeta». El NUC seguía siendo un territorio vedado para nosotros, las víctimas, mientras el responsable permanecía amparado por la inercia administrativa.

Esta parálisis legal contrastaba con la urgencia biológica. Los registros digitales revelan que, a las 7:25 a. m., la mamá de Mauricio me enviaba fotografías de las anotaciones realizadas durante la madrugada en el «Registro Diario». Ver la caligrafía apresurada de un familiar capturando los signos vitales de un hijo es el tipo de detalle sensorial que ancla este relato a la realidad tangible del agotamiento. En ese momento, Mauricio dormía, una tregua necesaria antes de enfrentar el rigor de las curaciones diarias de su herida abdominal.

El Peso de lo Irreversible

Identifico en esta jornada una carga de suspenso psicológico devastadora. Habitábamos la «estabilidad armada» de quien conoce el desenlace técnico pero se aferra a la presencia física. Reviso mis notas y encuentro el eco del 1 de febrero, cuando el Dr. Cecilio fue lapidario: la situación era, desde un punto de vista médico, irreversible.

Con apenas 20 centímetros de intestino remanente, el cuerpo de Mauricio dependía de un andamio químico de nutrición parenteral total para no colapsar. Este 12 de febrero, la lucha no era solo por la cicatrización de la laparotomía; era una carrera contra un reloj biológico que la ciencia ya había marcado con una fecha de caducidad sistémica.

La Institucionalización de la Fatiga

La jornada cerró con una conversación que dota a este expediente de su mayor carga humanizadora. Al salir de su turno en el hospital, mi hermana Katia me encontró en las sillas del lobby, un espacio impregnado del olor a antiséptico y el murmullo sordo de los familiares en vigilia. Allí, lejos de la asepsia de los informes de quirófano, confesé el peso de la verdad médica. Su respuesta —un simple gesto de poner la mano en mi hombro— simboliza la resistencia de un núcleo familiar que se niega a permitir que la estadística de una tragedia borre la tangibilidad de un ser amado.

El 12 de febrero terminó con la pesada consciencia de que la justicia y la medicina caminan a ritmos distintos. Mientras el sistema judicial exigía paciencia para verificar correos y folios, la carne desgarrada de mi hijo exigía milagros que la ciencia no podía prometer.

¿Cómo puede un sistema de justicia ser considerado «humano» cuando su velocidad burocrática ignora deliberadamente la urgencia de una vida que se agota entre procedimientos clínicos y diagnósticos irreversibles?

Bibliografía:

Expediente Judicial NUC FGJNL-012188/2024, Unidad de Investigación y Litigación Regional Sur.

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