Registro el domingo 25 de febrero de 2024 —vigésimo séptimo día desde que el asfalto de la calle Tampico reclamara la integridad de mi hijo— como una jornada donde la fatiga acumulada comenzó a pesar más que los folios del expediente. En este registro, los domingos han dejado de representar descanso para convertirse en una reconfiguración de la resistencia familiar frente a lo que califico en mis notas como la «lentitud exasperante» de la recuperación biológica.
La Batalla de los Grados (12:12 – 13:42 horas)
Tras un intervalo de incertidumbre, a la 1:42 p. m., el
rastro documental arroja un respiro: «ya todo bien ya le bajo ya anda normal»,
reportó Patricia. En este ecosistema de asepsia, una temperatura estable es el
único indicador de paz que poseemos. Sin embargo, la calma biológica no siempre
se traduce en avance motriz.
El Enigma del Agotamiento (15:40 horas)
Identifico en la tarde un punto de estancamiento
preocupante. A las 3:40 p. m., el reporte fue lacónico pero revelador: Mauricio
estaba bien, pero «no ha querido levantarse».
Este rechazo a la bipedestación no es un simple acto de
pereza infantil; es el cansancio crónico de un organismo que ha sobrevivido a
múltiples laparotomías exploradoras y que se sostiene mediante el andamio
químico de la Nutrición Parenteral Total (NPT). Para un niño de once años, el
esfuerzo de ponerse de pie después de haber quedado prensado entre dos moles de
acero el 29 de enero, representa una montaña que hoy, simplemente, no pudo
escalar.
La Búsqueda de una Casa
Mientras mi hijo habitaba la inmovilidad de la cama 503, yo
me encontraba sumergido en una urgencia logística distinta pero vital para el
sostenimiento de este caso. Mi investigación onfirma que este domingo fue clave
para el plan de mudanza. Nuestra actual residencia en la zona de Mederos, al
sur de Monterrey, se ha convertido en una «falla geográfica» insalvable frente
a la vigilia permanente en el Hospital Regional Materno Infantil.
Me descubrí a mí mismo en una dualidad asfixiante:
analizando manuales técnicos de mi labor en el trabajo mientras buscábamos un
arrendamiento cercano al hospital. Buscábamos en Guadalupe o Juárez una nueva
base de operaciones, un refugio a pocos minutos del hospital que nos permitiera
blindarnos contra el agotamiento sistémico que los traslados y el tráfico nos
imponen. La supervivencia de Mauricio exige que sus cuidadores no colapsen en
el trayecto.
El Silencio del Expediente NUC
La jornada cerró con el contraste habitual de este relato:
un niño estabilizado por la química médica y un sistema judicial que parece no
tener pulso. Mientras nosotros organizamos relevos con precisión casi militar y
buscamos casas para estar cerca de la cama de mi hijo, el responsable de este
abismo, permanece como una ausencia procesal en un expediente que camina mucho
más lento que los latidos de Mauricio.
El 25 de febrero terminó con Mauricio somnoliento y una
familia que aprendió que el amor, en el abismo, también se mide en la paciencia
de esperar a que unos pies pequeños quieran, finalmente, volver a tocar el
suelo.
¿Cómo puede un sistema de
salud y de justicia esperar que una familia mantenga la integridad económica y
emocional cuando los tiempos de la burocracia ignoran deliberadamente el
desgaste biológico de la víctima y el agotamiento logístico de sus protectores?

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